miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ella

La soledad es un sentimiento que siempre nos acompaña. Viaja con nosotros a nuestro lado para que podamos sentirnos solos.

Pensó en su vida hasta ese día. Muchos éxitos profesionales pero infeliz en su vida personal. Hijos díficiles y una pareja que nunca comprendió sus necesidades. 
Y si no hubiese vivido tan rápido...
Era demasiado joven y no tomé buenas decisiones...

De qué servía todo lo que había hecho en su vida. Tirada al traste. Una vida incomprendida. Entró en depresión.

- Hoy mamá no ha ido a trabajar. La abuela está llorando.

Pasó el resto del día en la oscuridad. Quizás hubiese bastado con que alguien le hiciese recordar lo bonita y afortunada que es su vida pero nadie supo hacerlo.

Mis pastillas, mi cama... Hoy me duele la cabeza.
¿Cuánto hay que alejarse para que te echen de menos?

- Mamá se ha ido de casa.


lunes, 20 de octubre de 2014

Se sentó en el borde del banco lo más cercano posible al acantilado. En el suelo brillaban las estrellas y alguna fugaz jugaba a esquivarlas. Arriba un río sonaba insistentemente llevando agua de un lado a otro.- ¿Alguna vez has pensado en si estamos solos en el Universo?- Dijo el unicornio.
- Seguro que si, el Universo es muy grande. Pero no creo que nos encontremos nunca.- Respondió la ardilla.

Ambos dieron un paso al frente y saltaron por el precipicio avanzando en el tiempo poco antes de mojarse en el río.

martes, 5 de agosto de 2014

Los dos

- Me gustaría pasear contigo por la playa, agarrados de la mano. De vez en cuando pararíamos para ver como el Sol se arropa debajo del mar mientras nos damos un abrazo. Me gustaría desayunar contigo cada mañana, escuchar tu voz cuando llego a casa, sentir tus dedos por mi espalda, llamarte desde el trabajo y preguntarte qué tal estás. Me gustaría ver contigo tus películas favoritas, comer con tus padres los fines de semana y escondernos del mundo bajo las sábanas. Me gustaría mirarte a los ojos y decirte que te echo de menos.- Pensó.

- Hacéis buena pareja, seguro que conmigo no estarías mejor.- Le dijo.

lunes, 28 de julio de 2014

Con 4 años

Cogió aire, sintiendo como entraba la luz en su cuerpo y llenaba cada parte de su interior. El Universo en el que se encontraba se convirtió en un gran pasillo lleno de puertas. Empezó a caminar y se fijó en que cada puerta tenía encima un número. Se detuvo ante la puerta con el número 4 y la atravesó.

Dentro se encontró una habitación casi vacía. En el centro, un niño de 4 años jugaba con un coche. No había nadie más cuidando de él. Simplemente solo en una habitación, sentado en el suelo, con un coche en la mano deslizándolo adelante y atrás.

- Hola, ¿quién eres?- le preguntó al niño.
- Soy tu con 4 años.
- ¿Y qué haces aquí?
- Estoy jugando con un coche.
- ¿Por qué juegas solo? ¿No prefieres estar con amigos?
- No, solo estoy mejor. Tengo más libertad para hacer lo que quiera.
- Dime, ¿qué te gustaría ser de mayor?
- Escritor.
- ¿Te gusta escribir?
- Si, inventarme historias me hace feliz.
- He de irme. Gracias por hablar conmigo. Si cuando seas mayor quieres escribir, hazlo, no dejes de hacerlo. Si no haces lo que deseas y eres feliz tendrás muchos problemas de salud. ¿Lo harás?
- Ahá.- El niño contestó sin dejar de mirar el coche con el que estaba jugando.

Salió de la habitación y cerró la puerta. El pasillo desapareció y volvió a flotar en el Universo. Rodeado de estrellas sintió otra vez la luz entrando en su cuerpo y llegando a cada músculo después de cada exhalación. Después, despertó.


miércoles, 2 de julio de 2014

Tener miedo al miedo

Cuando Xurxo se miró las manos pensó en lo terrorífico que es tener miedo. El miedo a tener miedo. Pensó en cada una de las veces que dejó de hacer algo por miedo a que alguien se lo reprochara, o por miedo al fracaso. 

- ¡Cuántas oportunidades perdidas!- Pensó. - A partir de ahora dejaré de tener miedo.

Se limpió las manos de la tierra y observó tranquilo lo poco que quedaba del agujero en la tierra.

- ¡Ya no podrás volver a darme miedo!

domingo, 1 de junio de 2014

Ella

Se encontraba solo. Cansado de estar siempre dando explicaciones. Cansado de recibir las culpas de cualquier cosa. Su sueño era simple: una autocaravana aparcada en una montaña, vistas al mar, una caña de pescar... ¿Podría ser más simple? A quién no le gustaría vivir así.
Ella era una chica simple. Delgada, alta, con desorden alimenticio y nula capacidad de empatia. Nunca se dejaba ayudar porque nadie la comprendía. La gente no le decía mas que tonterias, qué sabrán ellos.
Aquel día que discutieron. Fue la última vez. Qué tontería, pensarían algunos. Una pareja joven, guapa, inteligente.
Ella era esa chica que cuando te la cruzas por la calle piensas en que ojalá fuera tu novia. Que la cuidarías como una princesa. Pero ella no quería ser una princesa, por eso seguía sola.

viernes, 11 de abril de 2014

En el autobús

Vio que ella se sentó a su lado. No habrá más plazas libres, pensó. No hay otro motivo por el que decidiera sentarse junto a mi. Antes de que lo hiciera le dio tiempo a examinarla: una chica más joven que él, con gafas de sol marrones y una blusa blanca. Es una suerte que haga tanto calor, pensó.

El autobús volvió a arrancar y se puso en camino. Lento, con muchas paradas. Se atrevió a decirle:
- Hace calor hoy, eh.- Y esbozó una sonrisa. No quería que ella pensara mal de él.
- Eh.. si.- Ella también sonrió, pero pronto devolvió su mirada al teléfono móvil con el que jugaba.
- Si, pero está nublado. Seguro que esta noche habrá tormenta.
- No creo, las nubes no son tan negras.

A él siempre le pareció absurdo hablar del tiempo y lamentó haber recurrido a un tema tan típico.

- Este bus siempre va bastante lleno.

Ella apenas levantó la mirada del móvil.

- Si...

Él se avergonzó por haber empezado a hablar con ellla y decidió seguir callado el resto del viaje.

Más adelante, el chico se bajó en una parada y la chica quedó sola.

- Ya se ha marchado, qué tonta, era un buen chico.- Escribió en su móvil.
- Lo has dejado marchar por tímida, tenías que haber hablado más con él. - Su amiga le respondió al mensaje.
- Ya, pero qué vergüenza, no sabía qué decirle.
- Quizás algún día te lo vuelvas a encontrar.
- Ojalá.

Cuando llegó a casa volvió a entrarle esa depresión. No podía evitarlo. Ver su casa en silencio y con las luces apagadas le hacía sentirse aun más sola. No podía sacarse a aquel chico de la cabeza. Cenó algo rápido y se acostó en el sofá para ver la televisión toda la noche, hasta que se quedó dormida con el mando a distancia en la mano.

A media noche un trueno la despertó. Había empezado una tormenta.