miércoles, 2 de julio de 2014

Tener miedo al miedo

Cuando Xurxo se miró las manos pensó en lo terrorífico que es tener miedo. El miedo a tener miedo. Pensó en cada una de las veces que dejó de hacer algo por miedo a que alguien se lo reprochara, o por miedo al fracaso. 

- ¡Cuántas oportunidades perdidas!- Pensó. - A partir de ahora dejaré de tener miedo.

Se limpió las manos de la tierra y observó tranquilo lo poco que quedaba del agujero en la tierra.

- ¡Ya no podrás volver a darme miedo!

domingo, 1 de junio de 2014

Ella

Se encontraba solo. Cansado de estar siempre dando explicaciones. Cansado de recibir las culpas de cualquier cosa. Su sueño era simple: una autocaravana aparcada en una montaña, vistas al mar, una caña de pescar... ¿Podría ser más simple? A quién no le gustaría vivir así.
Ella era una chica simple. Delgada, alta, con desorden alimenticio y nula capacidad de empatia. Nunca se dejaba ayudar porque nadie la comprendía. La gente no le decía mas que tonterias, qué sabrán ellos.
Aquel día que discutieron. Fue la última vez. Qué tontería, pensarían algunos. Una pareja joven, guapa, inteligente.
Ella era esa chica que cuando te la cruzas por la calle piensas en que ojalá fuera tu novia. Que la cuidarías como una princesa. Pero ella no quería ser una princesa, por eso seguía sola.

viernes, 11 de abril de 2014

En el autobús

Vio que ella se sentó a su lado. No habrá más plazas libres, pensó. No hay otro motivo por el que decidiera sentarse junto a mi. Antes de que lo hiciera le dio tiempo a examinarla: una chica más joven que él, con gafas de sol marrones y una blusa blanca. Es una suerte que haga tanto calor, pensó.

El autobús volvió a arrancar y se puso en camino. Lento, con muchas paradas. Se atrevió a decirle:
- Hace calor hoy, eh.- Y esbozó una sonrisa. No quería que ella pensara mal de él.
- Eh.. si.- Ella también sonrió, pero pronto devolvió su mirada al teléfono móvil con el que jugaba.
- Si, pero está nublado. Seguro que esta noche habrá tormenta.
- No creo, las nubes no son tan negras.

A él siempre le pareció absurdo hablar del tiempo y lamentó haber recurrido a un tema tan típico.

- Este bus siempre va bastante lleno.

Ella apenas levantó la mirada del móvil.

- Si...

Él se avergonzó por haber empezado a hablar con ellla y decidió seguir callado el resto del viaje.

Más adelante, el chico se bajó en una parada y la chica quedó sola.

- Ya se ha marchado, qué tonta, era un buen chico.- Escribió en su móvil.
- Lo has dejado marchar por tímida, tenías que haber hablado más con él. - Su amiga le respondió al mensaje.
- Ya, pero qué vergüenza, no sabía qué decirle.
- Quizás algún día te lo vuelvas a encontrar.
- Ojalá.

Cuando llegó a casa volvió a entrarle esa depresión. No podía evitarlo. Ver su casa en silencio y con las luces apagadas le hacía sentirse aun más sola. No podía sacarse a aquel chico de la cabeza. Cenó algo rápido y se acostó en el sofá para ver la televisión toda la noche, hasta que se quedó dormida con el mando a distancia en la mano.

A media noche un trueno la despertó. Había empezado una tormenta.

jueves, 27 de marzo de 2014

La habitación de las puertas

Xoan se encontraba en una habitación circular de techo abovedado. No había ninguna fuente de luz pero podía ver perfectamente. Había varias puertas y encima de cada una un número. Buscó la que tenia el numero 31 y la cruzó.

Tras la puerta se encontró ante si mismo. Estaba de pie pensativo y con la cara seria. A su alrededor no había paredes ni techo. Tampoco suelo. Se encontraban suspendidos en el espacio, rodeado de estrellas y planetas lejanos.

 Le preguntó a su copia porqué estaba tan serio y le respondió que estaba preocupado por el trabajo. Le gustaría trabajar menos estar más tiempo con su familia.
- No te preocupes. Pasarás con tu familia el tiempo que las dos partes necesitáis, ya lo verás.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro?
- Confía en mi.

Se dio la vuelta y atravesó la puerta por la que había entrado, que siempre había estado ahí. Volvió a la habitación de muchas puertas, y atravesó la del número 56. Era su habitación. Había un sofá donde se sentó, y sonrió.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Una chica de Barcelona

El invierno no se acababa de marchar. Un día tras otro la lluvia caía incansable golpeando la acera y tiñendo de gris el espíritu de la gente. Él salió de trabajar, tarde como siempre. De camino a la parada de bus se fijó: una mujer, alta, se mantenía de pie apoyada contra la pared. En una mano vendada sostenía un trozo de cartón con algo escrito a lapiz:

Pido dinero para volver a casa. Piensa que podrías ser tú

Leer eso le sentó como una losa. Siempre pensó en las posibilidades que tendría él de acabar pidiendo en la calle y cada vez que lo hacía se daba cuenta de que eran bastante grandes. Si le faltara el trabajo no aguantaría mucho sin pagar el alquiler, y no tenía más lugares donde ir. Volvió sobre sus pasos y se acercó a ella.

- ¿De dónde eres?
Ella se sobresaltó. No esperaba que nadie se acercara para hablarle. Llenó sus ojos de ilusión y empezó a hablar atropelladamente.
- De Barcelona.
- ¿Y cómo has llegado hasta aquí?
- Por mi pareja. Vine para intentar arreglar las cosas con él pero no fue posible. Y aquí no conozco a nadie, no tengo donde estar, nadie me puede ayudar ni Cruz Roja ni nadie... Allí en Barcelona al menos conozco a gente y al estar empadronada me dan ayudas.

Mientras hablaba, acercaba su mano al chico. Le hablaba y le contaba su historia pero todas las palabras escondían detrás un gracias por hablar conmigo.
Él volvió a pasar por esa calle todos los días, pero la chica nunca más volvió a aparecer. Quizás siga en la calle con un cartel en la mano, en una ciudad al otro lado del país.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La carta de amor

Hola,

Te echo de menos. Y es lo primero que te digo en esta carta porque tenía tantas ganas de decírtelo que no podía esperar más para que lo supieras. Recuerdo que un día me dijiste que echabas de menos que alguien te escribiese una carta postal. Por eso te he escrito esta. No sé cómo puedo pasar tantos años sin verte, sin saber nada de ti. Cuando estoy triste lo único que puedo hacer para alegrarme un poco es pensar que estás a mi lado. Y no sabes cuanto lo hago... Todos los días, durante los últimos cinco años, he pensado en ti.

No me acuerdo cuanto tiempo estuvimos saliendo juntos. Lo de salir es una forma de hablar, porque lo nuestro no era nada serio. Realmente ni nosotros sabíamos lo que era pero teníamos miedo a tocar algo y estropearlo. ¿Cuántos veranos estuvimos viéndonos? ¿Cuatro, cinco? Ya no me acuerdo y me alegro de que sea así. Fueron los mejores años de mi vida y quiero darte las gracias por haberme dejado pasarlos contigo. Tantos kilómetros en coche, tantas citas en la oscura playa, tantos besos bajo los árboles... Eras una persona fantástica. Siempre me apoyabas, siempre sabías lo que decirme cuando lo necesitaba. Y yo... que me porté tan mal contigo. Nunca me castigaré lo suficiente por haberte tratado tan mal. Ya no te pido que me perdones, los dos aprendimos mucho de aquello.

No puedo dejar de pensar en cómo sería nuestra vida si hubiésemos seguido juntos. Como serían las comidas con nuestros padres, las noches sin dormir, juntar a nuestros amigos comunes... Todo sería tan diferente... Quizás, si aquel día no hubiese pasado lo que pasó, aun seguiríamos juntos. Quien sabe. En lo más profundo de mis sentimientos quiero estar contigo. Sé que ahora es imposible, ya no puede ser... pero me gustaría tanto...

Te echaré de menos y seguiré pensando en ti cada día, no lo dudes.


Cerró la carta y se agachó para dejarla sobre la tumba, al lado de un ramo de flores que alguien había dejado allí. Volvió andando hacia su coche, donde rompió a llorar.

martes, 3 de septiembre de 2013

Marioneta

Siguió caminando hasta el fondo del pasillo donde le esperaba otra puerta más. Al abrirla, entró en una habitación donde había tres puertas, una de cada color. La que estaba a sus espaldas, por la que acababa de entrar, desapareció misteriosamente.

Una voz sonó por toda la habitación:

Si a tu amada quieres encontrar, por la puerta correcta has de entrar.

No se lo pensó dos veces y atravesó la puerta central. Al fondo estaba su amada, tan hermosa como siempre. La encontró sentada en un sofá anaranjado. Se acercó corriendo y cuando estaba a punto de alcanzarla, desapareció ante sus ojos. La habitación empezó a girar en espiral y su amada desapareció en un instante. Él no podía controlar nada, se dedicaba a gritar y dejarse llevar por esa fuerza que no podía ver. Todo giraba cada vez más y más rápido y de fondo solo podía escuchar una risa burlesca. Pronto todo volvió a la calma. Ahora ya no estaba en una habitación, si no en el espacio exterior. Flotaba en la nada y solo le rodeaba el vacío.

- ¿Qué quieres que haga ahora?

Solo quiero que me entretengas, bufón.