miércoles, 8 de julio de 2015

10 años después

Ella salía de su trabajo a la hora de siempre pero cuando ya estaba cerrando la puerta se dio cuenta de que su teléfono móvil aun estaba encima del mostrador. Perdió unos segundos en recuperarlo y cuando volvió a salir se encontró de frente con él. Aquel chico que había sido su primer amor hace ahora 10 años.  Estaba visiblemente más mayor. Menos pelo, más ojeras. Pero la misma cara dulce que la enamoró cuando era un niña. Él fue más rápido en volver en sí mismo.

- Hola. Cuánto tiempo.- Dijo poniendo aquella sonrisa de medio lado que tanto le gustaba.
- Hola, pues si.- Ella bajó su mirada al suelo por vergüenza.
- Así que sigues trabajando aquí, es genial. ¿Quieres tomar algo ahora y nos ponemos al día?
- No, lo siento, no puedo. Me están esperando.
- De acuerdo, no hay problema. Me alegro de verte, cuidate.- Él llevaba el discurso preparado pero parecía claro que su plan no había salido como pensaba.
- Yo también me alegro... Adiós.

Él no se movió de su sitio. Ella se dio la vuelta y empezó a caminar. Cuando ya llevaba unos metros le escuchó llamarla.

- ¡Espera!

Ella se dio la vuelta y le miró aun sin responderle.

- Siento... Lo de aquellos años... No me porté bien. Lo siento, de veras.

Ella guardó esas palabras en su cabeza, en una caja fuerte bien cerrada para que nunca más volvieran a salir de su mente.

- No te preocupes, no tienes nada que sentir.

jueves, 18 de junio de 2015

La luna rosa

Las estrellas eran diferentes aquella noche. Eran rosas. Igual que la luna. No se sorprendió al verlas porque, la verdad, siempre quiso ver las estrellas de color rosa. Acostada desde su cama miraba atenta por la ventana. Algún día las estrellas serán verdes, pensó. A quien no le gustaría que las estrellas fueran cada una de un color diferente. Millones de colores todas las noches en el cielo. Sería precioso. Pero hoy sólo son rosas y la luna está escondida detrás del edificio que hay delante. Supuso que estaría allí por la gran luz rosa que salía desde detrás del edificio. Malditos vecinos, pensó. Están viendo una gran luna rosa en el cielo y yo solo tengo miles estrellasQuizás si espero un poco podré ver cómo aparece al otro lado del edificio. Pero cuando la luna rosa apareció ella ya se había quedado dormida.

miércoles, 13 de mayo de 2015

La destrucción

El cielo estaba naranja. Aunque le parecía que había una gran luz en lo alto, la verdad es que la densa niebla mezclada con ceniza hacía imposible saber si el Sol estaba ahí fuera o no. Toda la luz que le iluminaba venía del interior de la Tierra. Una luz naranja, fuerte y oscura.
Con mil ríos de lava a su alrededor apenas podía moverse de la pequeña isla de tierra fría en la que afortunadamente pudo aterrizar. Al menos estaba en un lugar seguro. Pero, ¿para qué quería estar seguro? La Tierra estaba siendo destrozada. Abriéndose desde el interior y sacando todas sus entrañas. ¿Cómo estaría el resto del planeta? Cuando volaba apenas pudo ver más allá de unos cuantos kilómetros. Pero viendo la destrucción que reinaba en todo cuanto le alcanzaba la vista y sin rastro de ningún tipo de vida animal daba por hecho de que posiblemente el resto del planeta se encontraba ya totalmente destrozado. Tenía sentido si pensaba en los fallos en las comunicaciones que se habían estado produciendo desde hacía unos días.
Ahora tan solo podía sentarse en un  montículo de arena. Observando como el planeta llevaba a todo ser viviente a la muerte. Viendo como el ciclo de la vida volvía a empezar. Vida - muerte - vida - muerte. Lo dinosaurios no pudieron vencerle y los humanos tampoco. Quizás dentro de millones de años cuando vuelva a resurgir la vida, lo haga en una forma más inteligente, más adaptada y sepa como sobrevivir en su planeta.
Sin futuro decidió no retrasar más la evolución. Buscó por los límites de la isla la grieta más grande y más profunda. Y saltó.

lunes, 20 de abril de 2015

Libertad

Acostado con los ojos cerrados solo escuchaba el azul del mar. Inspiró aire para respirar ese olor a sal marina, ese olor a amor de verano, ese sabor a anocheceres en la playa.

Se puso de pie con cuidado para no caerse de la embarcación. Miró en todas direcciones y solo vio un oceano inmenso. Era feliz. Desnudo se lanzó al agua sumergiéndose hasta donde le daba la respiración. Ahora se encontraba lejos del pequeño barco. Aun más solo si podía ser.
Se acostó boca arriba en la frontera del agua y el aire y dejó sumergidos sus oídos. Podía escuchar a los animales marinos hablar entre ellos. Hablaban de viajes interminables. De lugares con el agua más caliente que nunca habían probado. De zonas donde los pescadores amenazaron sus vidas.

Volvió a abrir los ojos. El azul del día se había convertido en el negro de las estrellas. Las vió reflejadas en el agua y sentia que las estrellas lloraban temblorosas. ¿De qué tiene miedo una estrella?

Sintió frío y echó a volar. Era hora de volver a casa.


 

jueves, 12 de marzo de 2015

El vecino de enfrente

Mientras los niños jugaban en el patio, ella observaba desde la ventana a un vecino del edificio de enfrente. Él hacía la cama, acomodando las sábanas con cuidado y poniendo su pijama bajo la almohada. Le parecía un chico atractivo, alto, fuerte... Fue cuando él se acercó a la ventana para abrirla cuando levantó la vista y sus miradas chocaron. Ella se sobresaltó con un susto, como un niño pequeño cuando le pillan haciendo una travesura. Pero mantuvo la mirada y sonrieron a la vez.
Detrás del chico se abrió una puerta. Entró una mujer y le sorprendió mirándola por la ventana. En cinco segundos apenas le dio tiempo a ver como la mujer le daba una bofetada al chico y bajaba rápidamente la persiana. Ella se quedó sorprendida sin saber qué hacer. En el patio los niños ya habían dejado de jugar.

jueves, 5 de marzo de 2015

Hoy estás muy guapa

- ¿Puedo decirte algo sin que se entere tu novio?
- Claro.
- Hoy estás muy guapa.
- Eso es que quieres pedirme un favor.
- Tienes razón.
- ¿Y qué favor quieres?
- Quiero que te cases conmigo.
- Eso ahora es imposible.
- Algún día serás mi esposa. No sé aún como lo voy a conseguir, pero lo serás.
 

jueves, 19 de febrero de 2015

La despedida

El oscuro espacio iluminado por pequeñas bombillas y en el medio oscuridad. Una oscuridad que absorve lentamente el resto del Universo y de vez en cuando una explosión silenciosa alumbra durante unos segundos para volver a dar paso a la oscuridad. 
Xoán miraba el espectáculo desde la ventana de su nave. Allí estaba con su familia; todos abrazados. Habían dejado de sentir miedo y aceptaban resignados su destino. 

- Adiós cariño, gracias por todo. He sido muy feliz.

Y así su nave fue la última en entrar en aquel agujero negro.