martes, 5 de agosto de 2014

Los dos

- Me gustaría pasear contigo por la playa, agarrados de la mano. De vez en cuando pararíamos para ver como el Sol se arropa debajo del mar mientras nos damos un abrazo. Me gustaría desayunar contigo cada mañana, escuchar tu voz cuando llego a casa, sentir tus dedos por mi espalda, llamarte desde el trabajo y preguntarte qué tal estás. Me gustaría ver contigo tus películas favoritas, comer con tus padres los fines de semana y escondernos del mundo bajo las sábanas. Me gustaría mirarte a los ojos y decirte que te echo de menos.- Pensó.

- Hacéis buena pareja, seguro que conmigo no estarías mejor.- Le dijo.

lunes, 28 de julio de 2014

Con 4 años

Cogió aire, sintiendo como entraba la luz en su cuerpo y llenaba cada parte de su interior. El Universo en el que se encontraba se convirtió en un gran pasillo lleno de puertas. Empezó a caminar y se fijó en que cada puerta tenía encima un número. Se detuvo ante la puerta con el número 4 y la atravesó.

Dentro se encontró una habitación casi vacía. En el centro, un niño de 4 años jugaba con un coche. No había nadie más cuidando de él. Simplemente solo en una habitación, sentado en el suelo, con un coche en la mano deslizándolo adelante y atrás.

- Hola, ¿quién eres?- le preguntó al niño.
- Soy tu con 4 años.
- ¿Y qué haces aquí?
- Estoy jugando con un coche.
- ¿Por qué juegas solo? ¿No prefieres estar con amigos?
- No, solo estoy mejor. Tengo más libertad para hacer lo que quiera.
- Dime, ¿qué te gustaría ser de mayor?
- Escritor.
- ¿Te gusta escribir?
- Si, inventarme historias me hace feliz.
- He de irme. Gracias por hablar conmigo. Si cuando seas mayor quieres escribir, hazlo, no dejes de hacerlo. Si no haces lo que deseas y eres feliz tendrás muchos problemas de salud. ¿Lo harás?
- Ahá.- El niño contestó sin dejar de mirar el coche con el que estaba jugando.

Salió de la habitación y cerró la puerta. El pasillo desapareció y volvió a flotar en el Universo. Rodeado de estrellas sintió otra vez la luz entrando en su cuerpo y llegando a cada músculo después de cada exhalación. Después, despertó.


miércoles, 2 de julio de 2014

Tener miedo al miedo

Cuando Xurxo se miró las manos pensó en lo terrorífico que es tener miedo. El miedo a tener miedo. Pensó en cada una de las veces que dejó de hacer algo por miedo a que alguien se lo reprochara, o por miedo al fracaso. 

- ¡Cuántas oportunidades perdidas!- Pensó. - A partir de ahora dejaré de tener miedo.

Se limpió las manos de la tierra y observó tranquilo lo poco que quedaba del agujero en la tierra.

- ¡Ya no podrás volver a darme miedo!

domingo, 1 de junio de 2014

Ella

Se encontraba solo. Cansado de estar siempre dando explicaciones. Cansado de recibir las culpas de cualquier cosa. Su sueño era simple: una autocaravana aparcada en una montaña, vistas al mar, una caña de pescar... ¿Podría ser más simple? A quién no le gustaría vivir así.
Ella era una chica simple. Delgada, alta, con desorden alimenticio y nula capacidad de empatia. Nunca se dejaba ayudar porque nadie la comprendía. La gente no le decía mas que tonterias, qué sabrán ellos.
Aquel día que discutieron. Fue la última vez. Qué tontería, pensarían algunos. Una pareja joven, guapa, inteligente.
Ella era esa chica que cuando te la cruzas por la calle piensas en que ojalá fuera tu novia. Que la cuidarías como una princesa. Pero ella no quería ser una princesa, por eso seguía sola.

viernes, 11 de abril de 2014

En el autobús

Vio que ella se sentó a su lado. No habrá más plazas libres, pensó. No hay otro motivo por el que decidiera sentarse junto a mi. Antes de que lo hiciera le dio tiempo a examinarla: una chica más joven que él, con gafas de sol marrones y una blusa blanca. Es una suerte que haga tanto calor, pensó.

El autobús volvió a arrancar y se puso en camino. Lento, con muchas paradas. Se atrevió a decirle:
- Hace calor hoy, eh.- Y esbozó una sonrisa. No quería que ella pensara mal de él.
- Eh.. si.- Ella también sonrió, pero pronto devolvió su mirada al teléfono móvil con el que jugaba.
- Si, pero está nublado. Seguro que esta noche habrá tormenta.
- No creo, las nubes no son tan negras.

A él siempre le pareció absurdo hablar del tiempo y lamentó haber recurrido a un tema tan típico.

- Este bus siempre va bastante lleno.

Ella apenas levantó la mirada del móvil.

- Si...

Él se avergonzó por haber empezado a hablar con ellla y decidió seguir callado el resto del viaje.

Más adelante, el chico se bajó en una parada y la chica quedó sola.

- Ya se ha marchado, qué tonta, era un buen chico.- Escribió en su móvil.
- Lo has dejado marchar por tímida, tenías que haber hablado más con él. - Su amiga le respondió al mensaje.
- Ya, pero qué vergüenza, no sabía qué decirle.
- Quizás algún día te lo vuelvas a encontrar.
- Ojalá.

Cuando llegó a casa volvió a entrarle esa depresión. No podía evitarlo. Ver su casa en silencio y con las luces apagadas le hacía sentirse aun más sola. No podía sacarse a aquel chico de la cabeza. Cenó algo rápido y se acostó en el sofá para ver la televisión toda la noche, hasta que se quedó dormida con el mando a distancia en la mano.

A media noche un trueno la despertó. Había empezado una tormenta.

jueves, 27 de marzo de 2014

La habitación de las puertas

Xoan se encontraba en una habitación circular de techo abovedado. No había ninguna fuente de luz pero podía ver perfectamente. Había varias puertas y encima de cada una un número. Buscó la que tenia el numero 31 y la cruzó.

Tras la puerta se encontró ante si mismo. Estaba de pie pensativo y con la cara seria. A su alrededor no había paredes ni techo. Tampoco suelo. Se encontraban suspendidos en el espacio, rodeado de estrellas y planetas lejanos.

 Le preguntó a su copia porqué estaba tan serio y le respondió que estaba preocupado por el trabajo. Le gustaría trabajar menos estar más tiempo con su familia.
- No te preocupes. Pasarás con tu familia el tiempo que las dos partes necesitáis, ya lo verás.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro?
- Confía en mi.

Se dio la vuelta y atravesó la puerta por la que había entrado, que siempre había estado ahí. Volvió a la habitación de muchas puertas, y atravesó la del número 56. Era su habitación. Había un sofá donde se sentó, y sonrió.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Una chica de Barcelona

El invierno no se acababa de marchar. Un día tras otro la lluvia caía incansable golpeando la acera y tiñendo de gris el espíritu de la gente. Él salió de trabajar, tarde como siempre. De camino a la parada de bus se fijó: una mujer, alta, se mantenía de pie apoyada contra la pared. En una mano vendada sostenía un trozo de cartón con algo escrito a lapiz:

Pido dinero para volver a casa. Piensa que podrías ser tú

Leer eso le sentó como una losa. Siempre pensó en las posibilidades que tendría él de acabar pidiendo en la calle y cada vez que lo hacía se daba cuenta de que eran bastante grandes. Si le faltara el trabajo no aguantaría mucho sin pagar el alquiler, y no tenía más lugares donde ir. Volvió sobre sus pasos y se acercó a ella.

- ¿De dónde eres?
Ella se sobresaltó. No esperaba que nadie se acercara para hablarle. Llenó sus ojos de ilusión y empezó a hablar atropelladamente.
- De Barcelona.
- ¿Y cómo has llegado hasta aquí?
- Por mi pareja. Vine para intentar arreglar las cosas con él pero no fue posible. Y aquí no conozco a nadie, no tengo donde estar, nadie me puede ayudar ni Cruz Roja ni nadie... Allí en Barcelona al menos conozco a gente y al estar empadronada me dan ayudas.

Mientras hablaba, acercaba su mano al chico. Le hablaba y le contaba su historia pero todas las palabras escondían detrás un gracias por hablar conmigo.
Él volvió a pasar por esa calle todos los días, pero la chica nunca más volvió a aparecer. Quizás siga en la calle con un cartel en la mano, en una ciudad al otro lado del país.