miércoles, 6 de marzo de 2013

Vivir con miedo

Qué peligroso es vivir con miedo. Ese miedo a nada, el miedo interno a que ocurra algo. Él tenía ese problema. Vivía con miedo. Cada vez que hacía algo pensaba si eso podría molestar o alguien le podría decir algo por ello. Entonces decidía no hacerlo, por si acaso. Por miedo, no fuera  ser que alguien le dijera algo.
Y cuando se quiso dar cuenta, el miedo le había consumido. Había dejado de hacer cosas. Había dejado de hablar y participar en conversaciones. Había dejado sus aficiones y sus amigos. Todo por si acaso, porque en su cabeza inventaba historias donde siempre había alguien que se sentía molesto por lo que hacía. Y como evitar los enfrentamientos estaba en sus genes, prefería ir por la calle de enmedio y no hacer nada. 
Aunque seguía vivo, ya estaba muerto. 

jueves, 7 de febrero de 2013

Y volví a soñar con ella

Estábamos en una selva con signos claros de cansancio y hambruna por lo que probablemente llevaríamos bastante tiempo perdidos en esa especie de isla. Éramos dos personas: una de las personas con las que paso más tiempo y yo mismo.

Después de mucho caminar llegamos a un río que parecía meterse a través de una cueva. La visibilidad era bastante mala y mi compañero no quería meterse, pero yo insistí. Recuerdo que tenía que agacharme y pasar por un pasillo bastante estrecho donde apenas cabía el caudal del río. Pero al final del todo se veía una luz. Y llegué a hasta ella para ver que era un acantilado, una especie de catarata que salía desde esa cueva. Pero al fondo había un río más grande, o un lago, no lo recuerdo bien. Y allí había gente. Era el equipo de rescate. Recuerdo que me volví y le grité a mi compañero que allí estaba el equipo de rescate, que ya estábamos salvados.

Volví a mirar y allí estaba ella. La reconocí por su pelo castaño, o casi rubio como decía ella. Tenía los brazos abiertos, me miraba y me gritaba: salta, que  yo te recojo, mientras decía mi nombre.

jueves, 24 de enero de 2013

El peligro de quererla

Él corría peligro, porque estaba profundamente enamorado de ella. Y no hay nadie que te pueda hacer más daño que esa persona a la que amas. La deseaba por encima de todo, hasta el punto de que era lo único que amaba en el mundo. Estar con ella. Sentir su calor. Esconder su cabeza bajo su jersey. Sentir su susurro.
Un día cuando llegó a casa ella ya no estaba. Dejó pasar las horas y comprendió, varios días después, que ya no volvería. Ni ella. Ni su calor. Ni su jersey. Ni su susurro. Dio vueltas a su cabeza durante días intentando comprender qué había pasado pero no encontró su error.
Así que ya solo le quedaban sus recuerdos. Y no volvió a salir de casa nunca más, para no perderlos.

lunes, 14 de enero de 2013

Cuando esa historia se cerró

Y fue después de mucho buscarla cuando por fin la encontró. Aunque el tiempo se detuvo y le parecieron días, la verdad es que solo estuvieron hablando unos minutos. Suficientes para recordar que aquello sucedió de verdad y no había sido un sueño. Habló con ella, por fin, pero de lo que recordaba ya no quedaba nada. Se dio cuenta de que su cabeza estaba llena de nostalgía inexplicable y que aunque él no la olvidaba, ella ya no era la misma. 
Necesitaba hablarle para cerrar sus pensamientos, y lo hizo; pero no por lo que él le contó, si no por lo que ella no le dijo.

viernes, 4 de enero de 2013

De cuando era niño

De pequeño tenía miedo de sentirme solo. Recuerdo tardes en las que me tiraba en el sofá a ver alguna película o dibujos y mi padre venía a ponerme la manta por encima, bien apretada para que el frío no pudiera entrarme por ningún escondite. Me apretaba tanto la manta que incluso me hacía sentirme protegido. Menuda tontería puedo pensar ahora.

También aprovechaba cuando mis padres salían por la noche para dormirme en su cama. Solo para hacerme el dormido cuando llegasen y me tuvieran que llevar a cama. No sé porqué lo hacía y creo que todos lo hemos hecho alguna vez. Pero supongo que aun siendo niños, a veces nos gustan que nos traten como cuando éramos bebés.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Me odia

Me lo dice con su mirada. Cuando cada vez que mira hacia mi a continuación lleva su mirada al cielo, exclamando como podía estar con alguien tan inútil. Cuando cada vez que le explicaba como algo me había salido mal, en silencio gesticulaba con los brazos clamando ¡por Dios, qué inútil eres! Cuando intentando explicarme algo soltaba a sus gritos si le hacía una pregunta.
Sé que me odia, pero no puedo dejar de quererla.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Aprendiendo a olvidarte

Ya hace más de una semana y aun no sé porqué volví a hablarte. Había pasado tiempo, tanto tiempo, en el que no pude olvidarte que necesitaba saber si tu lo habías hecho conmigo. Ahora caigo, fue por eso. Y solo en el momento en que me confesaste que habías rehecho tu vida pude aprender a olvidarte. Y aunque nunca lo consiga del todo lo seguiré intentando.